
Si desea, puedes escuchar este mensaje usando la barra de abajo.
Hola, es un gusto tenerles de vuelta. Antes de comenzar quisiera dejarles saber a quienes se acercan aquí por primera vez que este trabajo lo estoy haciendo por dirección del Señor y para que su nombre sea glorificado. Estos mensajes están dirigidos primordialmente a la iglesia del Señor; a quienes se llaman cristianos. Es importante que les enfatice la importancia que tiene que usted se acerque a estas palabras y estos mensajes en búsqueda del rostro de Dios y en oración. Hable con el Señor. La iglesia está muy acostumbrada a hablarle al Señor, pero no a hablar con Él. Formule al Señor preguntas así como usted se las hace a otras personas cuando les habla esperando recibir respuesta e información y crea que Dios le va a contestar. No le preguntamos al Señor porque no creemos en su capacidad y deseo de interactuar con nosotros. Por eso su iglesia habla por Él y suele poner muchas palabras en su boca que Él no ha dicho y tergiversar las que Él ha dicho.
La manera más efectiva de consumir este material es desde el primero hasta el más reciente. Todos están escritos y grabados en audio para su conveniencia. No hay espacio para comentar por dos razones. La primera es que, aunque puede ser una herramienta muy útil la conversación entre los hermanos sobre temas como estos, también es una fuente grande de distracción y es muy común que el tiempo que debemos pasar frente al Señor y su palabra en el proceso de discernir sus mensajes y recibir dirección suya, lo reemplacemos por participar en la sección de comentarios y nos vayamos de este espacio pensando que hemos meditado los mensajes cuando solo los hemos ventilado. En segundo lugar, un ministerio responsable que tiene comentarios abiertos debe tener la capacidad de atenderlos y yo no tengo el tiempo para esto. Tampoco voy a permitir que comentarios dañinos y mal intencionados que yo no pueda atender, puedan dañar a personas a quienes el Señor traiga aquí para enseñarles, aclarar sus dudas o sacarles de error. Pero les aseguro hermanos que en tiempos como este, el silencio también puede ser altamente beneficioso ya que cuando no se tiene un par para dilucidar nuestras dudas o ventilar nuestros pensamientos (en caso de que usted desee genuinamente recibir la dirección de Dios), siempre está disponible el Espíritu Santo para guiarnos a TODA verdad y a TODO conocimiento. Si es que le damos la oportunidad.
Por favor, sea intencional en sus acciones como creyente y si estas publicaciones le han bendecido, considere compartirlas con otras personas. Nada se cobra, no pido nada, ni lo pediré. Todo es para Dios y un pueblo debilitado y en peligro, que lo necesita urgentemente.
La lección de hoy se titula Arrogancia Espiritual y viene a ser un exhibit adicional al caso en cuestión. Un exhibit es una prueba documental que se presenta ante un tribunal para sustentar un argumento o petición al mismo. Cuando el Señor afirma que su iglesia no se parece a Él, tiene razones para decirlo. Esta es una de ellas.
¿Cómo puede Dios, que es perfecto y que nunca ha pecado tener misericordia de nosotros cuando constantemente, no solo ve el nuestro, sino que sufre nuestro desprecio, desobediencia y maldad?
Ante esta realidad, ¿qué cualidad o factor le permite a su persona, tener misericordia de nosotros?
Él puede tener misericordia de nosotros porque en Él, siendo perfecto, no hay arrogancia.
«El Señor dijo “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”…
El diccionario describe a una persona arrogante como una persona altiva, jactanciosa, soberbia y prepotente. ¿Cómo podemos los creyentes pretender que el Señor nos mire con misericordia y como decía el salmista, que “se acuerde de que somos polvo” y tenga piedad de nosotros, si somos arrogantes como miembros de su cuerpo?
Recordemos hermanos que este mensaje es primordialmente para la iglesia del Señor. El mundo no se parece en nada al Señor. Pero la iglesia, debe ser a la imagen de Cristo, después de todo, es su cuerpo.
“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. – (1 Corintios 12:27)
“… y él [Cristo] es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…” – (Colosenses 1:18)
El Señor hizo en sí y para sí un solo cuerpo. Esto es vital para la iglesia del Señor. Entender y respetar – honrar– el diseño de Dios para su iglesia nos toca a todos. No queremos presentarnos ante el Señor y tener que darle cuentas por no haber tomado sus palabras en serio. Por participar en comportamientos contrarios a su voluntad para su cuerpo.
Leamos con detenimiento Efesios 4 y observemos en dónde radica la potestad y el poder sobre el surgimiento de la iglesia, el cuerpo de Cristo, y cómo opera.
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
Y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.
Como vemos la iglesia es un don, un regalo que recibimos del Padre a través de Cristo manifiesta en su Espíritu Santo. Cristo lo hizo todo y Él mismo constituye a quienes van a servir como herramientas para perfeccionar a los santos y la edificación de los miembros del cuerpo (cada uno de nosotros).
Este diseño existe precisamente para EVITAR que caigamos en la falsedad de doctrinas de hombres (en donde lamentablemente nos encontramos – porque no estamos siguiendo ni respetando este diseño y amamos las doctrinas de los hombres a las cuales la iglesia se ha dedicado a servir– . O sea, Pablo hace una advertencia porque sabe que esto es un riesgo real y potencial. Hermanos, en la Biblia no sobra ninguna palabra. Ninguna está de más y muchas veces minimizamos o pasamos por alto las más importantes. Esas palabras que son un alerta para que nos detengamos y las meditemos y las usemos para discernir lo que vemos y lo que hacemos.
Siempre tratamos de aplicarnos la parte positiva o el estándar que muestra lo que se supone que se haga, pero no queremos ver con detenimiento cómo, si transformamos nuestro comportamiento como iglesia e individuos dentro de la iglesia en una pieza de rompezabezas y tratamos de insertarla en el lugar correspondiente de la palabra, siendo este el espacio vacío donde se supone que caiga esa pieza, ese comportamiento NO ENCAJA. La forma de pensar y proceder de la iglesia del Señor NO ENCAJA en lo que postulan las escrituras. En la gran mayoría de los casos no lo hace. Por esta razón es que se tergiversa la Palabra, para poder encajar la forma en que actuamos y queremos actuar, sin trastocar nuestras acciones. La forzamos a ella para no amoldarnos nosotros.
El pasaje menciona que la meta es llegar a la “medida de la estatura de la plenitud de Cristo” o sea, que cada día nos parezcamos más a Él… no menos, o peor aun que lleguemos al punto que nos trae aquí. Al punto en que el Señor dice que su imagen en la iglesia ya no existe. Que murió. Y los culpables somos nosotros. Cada creyente de forma individual que quiere vivir un cristianismo sin intimidad con Dios. Que quiere alimentarse de purina espiritual y migajas y cree que con eso va a llegar a la presencia de Dios. Cada creyente que cree que va a ver al Señor cuando no busca su rostro en oración en el presente, cuando no saca tiempo para leer y sumergirse en su Palabra, cuando no busca alinear sus motivaciones, pensamientos y acciones diarias con lo que dicen las Escrituras está en un grave y serio error. Un error costoso. Cada ministerio, cada congregación, cada denominación o concilio. Todo el cuerpo tiene un trabajo que hacer y Dios no acepta nada menos que lo que sabe que podemos dar.
Cuando vemos la creación de Dios lo primero que notamos es cuán cuidadoso y meticuloso es el Señor con lo que hace. ¿Qué nos hace pensar que no demandará lo mismo de cada creyente? ¿Que no nos va a exigir que seamos cuidadosos y celosos con lo que ha puesto en nuestras manos, siempre viéndolo todo a través de Su palabra y consultándole a Él todo en oración?
La iglesia cree en un Dios que se conforma con cualquier cosa. Con lo mínimo. Con un Dios sumiso, retraído, siempre complaciente cuando ese no es el caso.
Dice el Señor en su Palabra en Mateo 25:24-27 “Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses«.
Está muy claro. Dios nos está dejando saber algo sobre su persona que muchos creyentes quieren borrar y obviar y no darle crédito. Dios es muy exigente con las personas a las que llama. En la medida en que nos ha dado, nos va a demandar crecimiento y frutos.
El diseño de Dios fue hacer un solo cuerpo. Por favor hermanos, si no lo has hecho hasta ahora, ¿podrías por favor decidir en tu espíritu creer y aceptar esta premisa Bíblica? ¿Que la iglesia del Señor es solo una? Sin dar ese paso, el de aceptar esta verdad como única, muchas otras cosas nunca van a tener sentido y relevancia en tu caminar como cristiano. Es la base del diseño del cuerpo de Cristo. Somo una sola iglesia. U–N–A.
Sin embargo lo que Él concibió, no es lo que su iglesia ha decidido respetar. La iglesia ha empleado mucho tiempo simplemente en dividirse. Hay denominaciones y dentro de ellas, más divisiones y subdivisiones y ramificaciones. A la iglesia le fascina además hacer uso de esas divisiones para darse exclusividad, poder, autoridad, fuera del diseño del Señor para su cuerpo. Gusta de generalizar, por ejemplo y decir: yo soy esto, pero ellos son aquello. Pura arrogancia espiritual.
Y esto es curioso porque estando dentro de mi congregación o denominación, yo sé quién soy como individuo, pero en realidad nunca nadie sabe quiénes son el “nosotros” de esa frase. ¿puede usted conocer el corazón de cada persona en su religión o congregación? De igual forma, ¿puede usted conocer el corazón de cada persona en la denominación o congregación del “otro”? La respuesta es no.
Esa es una manera de operar carnal y es la forma en que opera la iglesia de hoy día y recuerden que este mensaje es para quien dice ser parte del cuerpo de Cristo.
“Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” – (1 Corintios 3:4)
La arrogancia espiritual es la expresión de una actitud carnal que denota inmadurez e ignorancia sobre este tema en el creyente.
Imagina que estás en medio de una gran multitud donde todos somos seres humanos. Solo somos seres humanos. No hay edificios, animales, plantas; solo humanos. De todas las cabezas y pares de manos que hay en el lugar, yo definitivamente sabría cuál es la mía y usted sabría cuáles manos son las suyas. Allí hay cientos o miles de pies, dependiendo de lo grande del grupo, pero usted no tendría dudas en saber cuál par de pies es suyo. Yo sabría cuál es mi cabeza y cuáles son mis ojos y mis pies porque todos tenemos un espíritu y ese espíritu me hace estar 100% consciente y saber sin lugar a dudas cuál de todos esos es mi cuerpo.
Hermanos, así se supone que sea la iglesia del Señor. UNA a la cual se le haga muy fácil saber e identificar cuáles son sus miembros reconociéndose por tener un mismo espíritu; no por la falsa unidad que proveen las doctrinas de los hombres.
La arrogancia espiritual separa al cuerpo de Cristo (o pretende hacerlo) sin darle oportunidad al Espíritu de dar testimonio de si algún miembro es suyo o no. ¿No le ofendería a usted que alguien que se hace llamar familiar suyo o amigo, entra al salón del que le hablé que está lleno de personas y al pedirle que lo identifique a usted, señala el cuerpo de otra persona? Usted reclamaría que no, que ese no es su cuerpo y que usted lo sabe porque su espíritu que habita en usted reconoce su propio cuerpo. Le toca a usted dar certeza de cuáles son las partes de su cuerpo y cuál es su cuerpo. Nadie puede robarle esa autoridad y creo que usted no se la cedería a nadie por el riesgo que implica que usted le ceda a cualquiera que no sea usted el identificar quién es usted. Entonces, ¿por qué nos atrevemos a llamar cuerpo de Cristo – iglesia- a alguien fuera de la revelación del Espíritu del Señor?
Por eso es que el cuerpo de Cristo, que es UNO, está presente en muchas y distintas denominaciones y congregaciones de creyentes en Cristo Jesús, no dentro de un concilio o deniminación. Por otro lado, hay miembros del cuerpo de Cristo que no se congregan en templos. Hay miembros del cuerpo de Cristo que están encarcelados. Otros viven en tribus y un sinnúmero de escenarios.
Juan confirma además, que entre el llamado pueblo del Señor, hay muchos que no son del cuerpo:
“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. – (1 Juan 2:18-27)
Somos arrogantes espirituales cuando nos creemos más o mejores o más cerca de Dios que alguien que no conocemos que pertenece a otra denominacion que profesa a Cristo. Somos arrogantes cuando no buscamos a Dios para discernir estos asuntos, cuando no le damos la oportundad al Espíritu Santo de que nos confirme que alguien es o no de Él. Cuando el filtro no es la Palabra y queremos llamar miembro del cuerpo a alguien que, si nos dejamos guiar por la Palabra, evidencia que no lo es. Cuando no respetamos y honramos en nuestro corazón lo establecido por Dios y el trabajo que hizo Jesús al dar su vida y sangre para establecer un cuerpo que trabajara para EL en la tierra. Somos arrogantes cuando no cultivamos una intimidad con Él para que abunde su Espírtu en nosotros y sea este nuestra guía.
Yo quiero ser mansa y humilde con el Señor quien pidió que fueramos como Él. Le pido esto a Dios, que quite toda arrogancia en mí para que no me atreva a remover su autoridad en mi proceder. Uno con el Padre en el Espíritu. Yo no quiero llamar suyo a alguien que no lo sea y llamar no suyo a alguien que sí lo sea. Eso le haría daño a ellos y a mí porque somos en el UN SOLO cuerpo.
La arrogancia espiritual fomenta el distanciamiento y la suspicacia entre personas que no se dan la oportunidad de ser dirigidas por el Espíritu Santo para trabajar para el reino porque no ostentan el mismo sello denominacional. No estoy hablando del ecumenismo. El proceder ecuménico no es del Señor. Dios es un Dios muy exclusivo. El Espíritu es UNO, la puerta es una, nuestro Dios es uno. El ecumenismo mantiene las divisiones y la identidad de cada denominación con gran celo buscando puntos en común entre todas sin borrar su identidad doctrinal. Esto no es Bíblico. Los puntos en común de los miembros del cuerpo de Cristo son todos. Es UN solo cuerpo. No hay identidad denominacional que prevalezca en la unidad del cuerpo según lo diseñó Dios el Padre. Toda aportación humana debe desaparecer pues somos vasijas, instrumentos, siervos suyos. El ecumenismo es una propuesta muy simplista y absolutamente insuficiente a la unidad. Es una acción humana que con gran dificultad complace la apariencia de una pseudo-unidad, lo que es muy peligroso porque busca “truquear”, falsear el diseño del que he estado hablando en donde solo el Espíritu de Dios puede dar unidad a ese cuerpo. Igual que usted no puede respirar con pulmones prestados, ni ver con ojos de otro, el cuerpo de Cristo no puede funcionar con partes prestadas. O es todo suyo o simplemente no lo es.
Dice la palabra en el libro de Amós, ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?
La Palabra nos ha sido dejada como manual completo para servir al Señor en unidad. Su Espíritu viene a morar en cada persona que se arrepiente de sus pecados y es salva por Jesucristo y nuestra búsqueda constante nos capacita y dirige para ser miembros útiles de su cuerpo. El Espíritu da testimonio de quiénes somos de forma individual, no por nuestra membresía a una iglesia. De una familia de seis personas que van y participan de una vida de iglesia, puede ser que sólo dos sean en realidad parte del cuerpo de Cristo. Nuestra adhesión a una congregación, como mencioné en una publicación pasada, no es para ser llamado cristiano. Es una parte – no el todo– una parte de nuestra vida como creyente. Una parte importante en la que ayudo y recibo ayuda de otros, en la que crezco y hago crecer a otros aportando mi parte, en la que nos hacemos fuertes en la unidad para orar, para adorar, para educarnos. Sin embargo, es solo una parte. No es lo que define mi relación con Dios. El pertenecer a una congregación no es un fin en sí mismo. Es un elemento, una pieza. Nuestra relación con Dios es mucho más y radica en nuestra intimidad con Él. La cercanía de nuestro corazón a sus cosas.
“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. – (Jeremías 29:12-13)
Más de Él, menos de nosotros. Oración: Señor, es necesario que tú crezcas, pero que nosotros mengüemos, ayúdanos por favor. Amén.

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