Le llamaré a esta publicación, Preámbulo a las lecciones, porque ya he desarrollado la lista de las primeras 6 a 10 lecciones que deberé compartir a la iglesia sobre lo que Dios me ha enseñado. Sin embargo, tuve esta experiencia en oración, totalmente relacionada al tema, y siento que (aunque la acabo de recibir y en el orden cronológico de las cosas debería ir al final) es importante que la comunique ahora. Así que según el Señor me mueva, voy a ser flexible integrando cualquier mensaje adicional dentro del listado que tengo de lecciones.

El 30 de octubre de 2025, mientras estaba en oración en el templo, pedía perdón al Señor porque como Iglesia le hemos fallado. Me arrepentía ante su trono por el estado de su iglesia y el Espíritu Santo me habló. Fue como una conversación mientras oraba. Ya había pasado un tiempo arrepintiéndome en nombre de la iglesia; porque ella habla de Él y se refiere a Él de una manera que no lo representa. Porque siempre está buscando su favor sin darle lo que Él merece y en ese proceso el Espíritu Santo me movía a pedir, perdón, perdón, perdón. Lo que implica hermanos, que el Señor está ofendido con nosotros. Es difícil pedir a Dios misericordia y su favor cuando del lado de quien necesita ese favor lo que se le ha dado al Señor es hipocresía, falsedad, indiferencia y menosprecio… cuando se juega con su nombre como si Él fuera cualquier cosa. Sin embargo, yo sé lo que viene para Puerto Rico y sé sobre el estado de la iglesia. Y veo a las personas y a mi país sufrir mucho en el futuro; muchísimo más de lo que se piensa que sufrimos ahora. Sé que necesitamos su ayuda, pero no es fácil abogar en estas circunstancias y yo no soy una persona a la que le guste faltarle el respeto al Señor. Yo se quién es Él y conozco sus promesas, pero también sé sus límites y Él tiene todo mi respeto.

Pues en un momento de la oración (para poder interceder) opté por mencionarle al Señor que somos sus hijos. Y es importante que sepamos hermanos, que hay hijos obedientes e hijos desobedientes. La iglesia está llena de hijos que no obedecen al Dios a quien llaman Padre y eso tiene sus consecuencias. Pero como ya he mencionado, ese Dios que tiene unos estándares los cuales no va a bajar para acomodar un cristianismo mediocre, no se enseña a la iglesia y muchos no lo conocen. He escuchado a pastores decir desde el altar que Dios no castiga. Ya no saben ni lo que dicen. Todo por acariciar los oidos de quienes escuchan, sin saber que no sólo darán cuenta a Dios por sus almas, sino por las almas de las personas a las que les presentaron un Dios que no es el de Su palabra.

No lo digo yo, sino la Palabra:

Hebreos 12:6-7

6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Así que antes de continuar y, si por casualidad la primera parte le dejó en una actitud defensiva en la que usted se dice a sí mismo “yo no he ofendido a Dios”, “mi iglesia no hace eso”, le recomiendo que pise con fuerza el pedal del freno, porque esa actitud no le va a llevar a un buen lugar. La iglesia en general es altamente ofensiva a Dios y una de las mayores ofensas es precisamente que no se da cuenta de ello o que no lo quiere ver. Otra gran ofensa es la fuerza y rapidez con la que desea eliminar esta realidad o taparla o desviarse del tema. Si usted no puede identificar las formas en las que la iglesia del Señor lo ofende, por favor, en humildad, vaya ante su presencia y pídale que se lo muestre. O al menos permanezca en silencio. Si está en una actitud de humillación, el Señor no tardará en comunicárselo.

Prosigo. Entonces Él habló a mi espíritu lo siguiente, lo hizo en forma de pregunta: ¿Dónde está el crecimiento despues de todo el esfuerzo que Él ha puesto en nosotros? ¿Cómo estamos cuidado de aquellas cosas que son preciosas para Él? A mi aseveración de que somos sus hijos, me dijo que . Que somos como un hijo al que se le ha dado todo, se ha ayudado a desarrollarse, se le ha dedicado tiempo, se ha tenido paciencia con él , tiene recursos, cuando ha llamado se le ha respondido, pero al que no se le puede demandar o pedir nada porque no es confiable. La iglesia no quiere madurar y no es confiable. Me dijo: “No puede cuidar de mis cosas mas preciadas. Al momento en que ya es tiempo de pedirle, no se puede contar con ella”.

Entonces me angustié mucho porque es cierto. Lloré mucho y sentía en mi espíritu la fragilidad y falta de madurez de una iglesia que ha tenido todo lo necesario para ser fuerte y no lo es. El Señor entonces trajo a mi mente el siguiente verso:

«Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta».

Trajo esta verdad a mi mente, pero indicando que esto no es así en relación a su iglesia. No somos esa saeta (esa arma) de fortaleza en manos de nuestro Padre de forma que Él se sienta orgulloso de nosotros y nos pueda mostrar al mundo y usar para Él. Estaba muy afligida y entendí lo que me dijo.

Cuando Dios habla, no lo hace para que lo convenzamos de lo contrario a lo que Él dice. Ahí radica una gran parte de nuestro respeto al Señor. Dios nunca está confundido y nunca carece de información para ajustar sus puntos de vista. Quien tiene siempre que ajustarse a lo que Él dice y cómo ve las cosas es quien le escucha. Así que ya no oré más por la iglesia y le pedí: “Señor entonces dime, ¿con quién cuentas? Por favor dime”. Esperé y no me dijo nada. Oré más y esperé y nada. Sólo me trajo el pasaje biblico que narra el momento en que, cuando tenía mayor necesidad, le pidió a sus discípulos que vigilaran y oraran con Él. El relato está en Mateo 26:36-46.

Aunque Jesús mismo les dijo que su alma estaba “triste hasta la muerte”, dejándoles saber lo importante que era esto para él (la ayuda que les estaba pidiendo), ellos se quedaron dormidos. Lo que el Señor les pidió no era sólo importante para Él, sino para ellos mismos ya que serían tentados posteriormente aunque ellos aun no lo sabían. Por supuesto, cuando hay varios orando hay una presencia que fortalece a los demás y la humanidad de Jesús estaba siendo gravemente atacada en ese momento, pero ellos no correspondieron. Se quedaron muy cortos, y unos momentos después, ya había pasado el tiempo en que su acción tenía relevancia, de forma que Jesús mismo les dijo: “ya, vámonos”. El tiempo de orar, de ejecutar, de dar la lucha fuerte, se había acabado. Ellos lo habían dejado pasar.

Al final de la oración, el Señor sí me dijo lo siguiente, como aquel que sabe todas las cosas: “La iglesia va a necesitar ser rescatada”.

Hermanos, ¡qué vergüenza! Me dio vergüenza porque la iglesia, al menos de seguro en Puerto Rico, (que es la iglesia a la que el Señor me ha enviado a hablarle y no sé cómo será su estado en otros países), va a estar tan desesperada, desorientada y frágil como el mundo en los tiempos que estamos y que se van a seguir poniendo más oscuros. ¿Le puedo llamar yo a Dios mentiroso cuando me deja ver lo que le pasará a la iglesia? Yo no voy a hacer eso. Entonces brevemente oré: “pues rescátala cuando llegue el momento, Señor, por favor”. Eso fue lo único que pude pedirle; pero no deja de darme vergüenza y tristeza el saber que no cuenta con nosotros. Que no le somos confiables ni útiles en el escenario más crucial de la historia de la humanidad: el fin de los tiempos.

Hermanos. Al orar no se le puede llevar la contraria a Dios. Quiero aprovechar para compartir algo sobre la oración que dirige el Espíritu Santo. Claro que podemos pedir, rogar, ineterceder… pero siempre en sintonía con lo que dice el Señor. Por esto es que oramos en el Espíritu. No en nuestras emociones o deseos, sino alineados con el Espíritu. De otra forma las oraciones son desenfocadas, ineficientes y honestamente, una pérdida de tiempo. Dios nunca dio su brazo a torcer ante la voluntad o peticiones ignorantes de cualquier hombre. Es algo que la iglesia tiene que arreglar si desea ser útil y ver a Dios interesado en usarnos para Su obra.

Les comparto dos ejemplos que me enseñaron mucho sobre Dios. Estaba en oración e intercesión muy intensa por una persona a la que amo mucho y que estaba en un gran peligro, tanto físico como espiritual. Había estado orando y ayunando por esta persona por mucho tiempo y en un momento en que desbordaba mi corazón en oración por esa persona el Señor me habló de una forma que me dejó pasmada, porque no era lo que esperaba escuchar. Me dijo en un tono muy tranquilo y directo: “…pero es que yo le hablo y no me hace caso; no me escucha”. Entonces tuve que detener mi oración y adaptar las oraciones que había estado haciendo por esta persona, porque Dios me acababa de decir que Él le estaba hablando a esa persona y esa persona no lo quería escuchar. ¿Cómo puedo orar por una persona que necesita el favor de Dios urgentemente y a quien Dios le está hablando, pero la persona no lo escucha ni le hace caso? Definitivamente la intensidad, cantidad de tiempo y fervor de mis oraciones disminuyó grandemente porque al meditarlo, yo misma vi la evidencia de lo que Dios me dijo.

La otra experiencia que deseo compartir en relación a la importancia de escuchar a Dios cuando oramos y ajustarnos siempre a lo que nos dice ocurrió en febrero del 2023. Acababa de ocurrir un terremoto en Turquía y recuerdo que la cifra de muertos aumentaba en los miles y las decenas de miles en cuestión de horas. Yo me angustié mucho en mi espíritu y me dediqué a orar por las personas que estaban aun atrapadas en los escombros para que Dios les permitiera salir. Estuve orando por un par de días y recuerdo que en un momento de oración, estaba postrada completamente en el piso, con el rostro en tierra rogándole a Dios por ellos. Entonces mi oración cambió de las víctimas a sufrir por lo que había pasado. Ya los muertos eran 45,000 y esto me había traido un gran pesar. Le dije al Señor, no pidiéndole cuentas, sino buscando una respuesta: Señor, ¿por qué? Y no pude decir nada más porque el Señor me contestó con una voz muy firme, como cuando alguien termina una conversación: “Es su culpa”. Yo me quedé en total silencio. Me sequé las lágrimas y me levanté del piso. Algo hizo Turquía que trajo sobre ellos ese terremoto y yo no necesito conocer nada más al respecto. Eso no quitó que siguiera orando por las víctimas, pero hay líneas que no se cruzan, porque no es nuestro asunto interpelar a Dios sobre cómo lidia con las naciones y los pueblos que habitan la tierra que Él creó. Escuchando a la iglesia orar, nos damos cuenta que en general piensan que Dios es una goma de mascar a la que se puede estirar de aquí para allá al gusto de cada uno. La gran mayoría de la iglesia se acerca a Dios con orgullo, sin temor, ni reverencia y eso nunca ha llevado muy lejos a nadie frente a un rey. No olvidemos que nuestro Dios es Rey de Reyes y Señor de Señores.

Vemos varios ejemplos también en las Escrituras:

En 1 Samuel 16 Dios le dice a Samuel que deje ya de llorar por Saúl. Que cambiara ya la página porque ya Dios había tomado una determinación sobre el tema. Samuel tenía que ajustarse y lograr sintonía con el Señor si quería servirle bien.

Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.

2 Corintios 12

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Ahí vemos que Pablo ajusta su oración a lo que Dios le dijo. Decidió gloriarse en sus debilidades en lugar de seguir pidiendo lo mismo.

En Deuteronomio 3 vemos cómo Jehová incluso le dice a Moisés que no le vuelva a traer el tema de que le dejara entrar a la tierra prometida. Ya le había dicho que eso no ocurriría, pues lo había castigado. A la insistencia de Moisés, Jehová le pone un alto.

23 Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: 24 Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? 25 Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. 26 Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto.

Estos pasajes nos enseñan cosas muy importantes sobre la oración.

No se ora contrario a la voluntad de Dios.

1. Para hacer esto tenemos que conocer Su voluntad

2. Esto implica que muchas veces vamos a orar en contra de NUESTRA voluntad porque la de Él es opuesta, pero es la que vale

3. Se nos va a hacer más fácil orar, cuando nuestra voluntad se alinea y se somete a la suya

Para concluir debo mencionar una característica que debería permear, existir en las oraciones de la iglesia de este tiempo y es el reconocimiento del tiempo en el que estamos. Hermanos, estamos ya (no es que vienen o se acercan) en los tiempos del fin. Lo que la Palabra llama los últimos tiempos o el fin de todas las cosas. La Palabra dice que todo lo que explica Mateo 24 va a ocurrir. Por lo tanto, sabiendo ya que no hay deseo humano que pueda contradecir lo que está escrito, la oración adecuada no es que estás cosas que estamos ya viendo no ocurran. Eso es no entender los tiempos y contradecir a Dios.

La oración modelo que Jesús nos enseñó dice: Venga a nosotros tu reino y que se haga tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo. Es la voluntad de Dios que llegue el fin de los tiempos. Es también la voluntad de Dios que su iglesia se prepare para esos tiempos. Cosa que evidentemente no está haciendo, razón por la cual me dijo que va a necesitar ser rescatada. La iglesia no cree que estamos en los últimos tiempos, no conoce las señales de los últimos tiempos, no quiere verlas, así que mucho menos prepararse para ellas. La iglesia está además llena de doctrinas falsas sobre los últimos tiempos y piensa que no verá calamidad cuando esto no es Bíblico. La Palabra está repleta de detalles sobre todas las calamidades a las que se enfrentará el pueblo de Dios antes de que Él venga. Esto lo veremos con detalle más adelante, pero al menos les dejo con algunos versos que así lo demuestran:

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.- (1 Corintios 15:51-52)

Pregúntese: ¿Si el Señor viene a la final trompeta… que hay antes de la última trompeta? Respuesta: hay 7 sellos y 6 trompetas para las cuales prepararse.

Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.- (2 Tesalonicenses 2:3-10)

Pregúntese: ¿Si el Señor no viene hasta que se manifieste el hijo de perdición y llegue la apostasía? ¿En qué posición quedo como creyente ante este escenario? ¿Cómo debo prepararme?

La Palabra dice en Isaías, que su pueblo “aun en sus juicios le espera”. Podemos y debemos orar por protección individual, porque eso está prometido para su pueblo durante el periodo de sus juicios. Podemos buscar su dirección. Pero esta idea de orar por la paz mundial en medio del cumplimiento de las escrituras que detallan el tiempo del fin en el que estamos, es querer reescribir sobre las palabras claramente expuestas en las escrituras. Ese no es nuestro rol. Eso sería decirle a Dios: Tu eres juez justo, pero yo no te voy a dejar ejecutar ese rol porque esa acción de tu parte, impide la paz según yo la considero adecuada. ¿Qué es eso? ¿Puede decirle el barro al alfarero lo que tiene que hacer?

La Biblia detalla las oraciones que debemos estar haciendo. Lucas 21:36 “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”. La Palabra detalla la forma en que deberíamos estarnos preparando para el tiempo que está llegando. Puede leer por ejemplo Efesios 6:10 en adelante. También explica las expectativas que Dios tiene para sus escogidos de los últimos tiempos. ¿Estarás tu en el grupo de los que tienen que ser rescatados o de aquellos pocos con los que Dios cuenta para enfrentar los enemigos a la puerta?

Si eres parte de la iglesia, habla con el Señor sobre esto. Si estás dispuesto a dar el paso, dile que cuenta contigo y que por favor te prepare. Él sabe cómo formar bien a sus soldados.

Que su bendición y su poderosa mano repose sobre su pueblo, amén.

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