
Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. – Salmo 51:3
Si desea, puede escuchar este mensaje usando la barra de abajo. Por favor siga este blog y comparta los mensajes según el Señor le dirija:
Me alegra mucho tenerlos de vuelta. Le pido al Señor que bendiga este mensaje y que su nombre sea glorificado en todo, amén.
Estaba terminando los detalles de la próxima lección y decidí dejarla unos días y hacer otras cosas que tenía pendientes para luego retomarla. La lección 2 es una muy fuerte, iglesia. Como he enfatizado desde el principio, usted debe orar con intención antes y después de acerarse a estas palabras. Necesita la ayuda de Dios para mantener en su lugar sus emociones y para tener la capacidad de descartar toda idea falsa y contraria a la palabra del Señor que usted haya estado albergando sobre lo que ocurre en las iglesias.
Los seres humanos tenemos una inclinación natural a la auto-preservación y cuando algo que estimamos fundamental en nuestra vida es cuestionado o atacado, nuestra respuesta inicial es a defenderlo, porque sentimos que, de lo contrario, desaparecemos. Hay muchas creencias, prácticas e ideas que hemos hecho pilares de nuestra “cristiandad” que son pura falsedad y hasta claramente contrarias a las escrituras y la voluntad de Dios.
Si queremos ser una iglesia sana y verdadera, hay que despojarse de cualquier cosa que esté contaminada. Hay que permitir que el Señor nos examine y nos limpie. Hay que pedirle precisamente esto en oración de todo corazón para que Él suavice cualquier endurecimiento que no nos permita ver en qué cosas le estamos fallando y poder arreglar lo torcido.
Si usted no ha escuchado los primeros mensajes, le recomiendo que por favor lo haga. Escuchar los mensajes en orden, del viejo al más nuevo, es importante.
Este mensaje es muy fuerte (la Lección 2 que compartiré pronto) y desde que comencé a redactarlo para grabarlo siento la necesidad de “salir de él”. Quitarme la responsabilidad de compartirlo; aun así, esto no es tan fácil. No es sólo compartir un mensaje, sino hacerlo con la responsabilidad y cuidado que las almas que Dios ama merecen. Con la responsabilidad que mi Señor merece. En dar un mensaje y enseñar las escrituras hay mucho amor de parte de Dios. Un amor que Él deposita en sus maestros para que puedan exponer su mensaje. No sólo el amor “fluffy” o suavecito que conocemos, sino el amor que sufre. El amor de 1 Corintios 13. El amor que ve más allá del mensaje y el mensajero… y sabe cómo cada uno va a reaccionar al mismo antes de que lo escuchemos.
Sin ese amor, sólo se dicen palabras vacías. Con ese amor, al enseñar y compartir el mensaje, relevo mi responsabilidad, pero nunca salgo de su escenario. Yo quedo en el mensaje y el mensaje queda en mí. Quien lo escucha también queda en mí, yo en ellos y Dios en todos. Hemos sido alcanzados todos por Su palabra y eso es algo grande. Así que sepan que hago esto con mucho temor y reverencia. Y le pido a Dios que me siga dando sus ojos para hacerlo.
Iba manejando y hablando con el Señor sobre el mensaje de la Lección 2. Le explicaba que una de las cosas más difíciles de exponer las cosas que ocurren en la iglesia que a Él no le agradan, es saber que mi fragilidad está frente a mí todo el tiempo. Yo le dije: “Señor, tú sabes que cuando yo hablo tu mensaje, yo estoy muy consciente de quién soy y de mi fragilidad. Yo he sido salva y perdonada de mi pecado, pero yo no me siento mejor que nadie, ni excenta de nada. Yo estoy en necesidad constante de tu gracia y misericordia”. Pensaba en cuántas veces lo he ofendido y lo cerca que estoy siempre de ofenderlo si Él no me ayuda y si yo no me cuido. Sin embargo, mi ‘humanidad’ y estar reacia a que se me señale a mí, no puede ir por encima de la verdad de Dios, su justicia y santidad y de exponer lo que dice en Su palabra. Estoy mal si tengo miedo de que sobre mí caiga la Palabra. De hecho, por no exponer su verdad no quiere decir que ella no caiga sobre mí, porque el estándar es igual para todos. Para poder relacionarnos con Él, Dios proveyó el medio, que es Jesucristo. Nos dejó además su Espíritu Santo que nos guía, acompaña y hace permanecer.
Esa reacción que yo tuve en esa conversación con el Señor (que mientras la tenía yo estaba buscando de dónde venía), es la razón por la cual muchos creyentes no hablamos ciertas cosas. El Señor me lo explicó, y es por el miedo. Sin embargo, en realidad: #1- el Señor nos va a juzgar como quiera a todos, hablemos o callemos Su verdad. # 2- eso es amor al YO por encima del Señor. Lo que debemos es vivir con temor delante de Él. Él conoce nuestras capacidades y cuánto tratamos de servirle en fidelidad. Si una palabra de corrección cae sobre mí; pues que lo haga. Para eso es. De hecho, la Palabra tiene que caer primero sobre quien la lleva.
La iglesia tiene que emepezar a corregirse ya (en el poco tiempo que le queda) y dejar de estar tapándonos por temor a que nos toquen. Dios nos tiene que tocar. Todos vamos a ser probados y puestos en balanza y esta realidad no se puede retardar ni eliminar.
Le decía esto a Dios porque en la Lección 2 hay un mensaje grande y serio. Muy distinto al que ha llevado a la iglesia a su estado actual de distanciamiento de Dios.
Entonces, mientras le hablaba, llegaron a mí las palabras del siervo David:
«Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí».
Dios lo trajo a mi mente varias veces y le dije al Señor: «Sí, así me siento, como David». Pero no recordaba totalmente el resto de este Salmo.
Entonces pensaba… si yo me pongo a pensar en quién soy, entonces no hago ni digo nada, Señor. Porque dar este mensaje cuesta. Cuesta sobrepasar el YO. Es en parte ese mismo sentido de auto-preservación. Porque si simplemente por el hecho de que yo soy igual de ‘humana’ como todo el que es señalado en el mensaje como un ofensor de Dios, yo voy a callar, entonces caería en la idolatría del YO.
La frase “es que todos somos humanos” es precisamente la primera excusa para que alguien no hable lo que Dios dice desde la posición y estándares de Dios, o para que otros le callen la boca para que no lo haga. Para que esa palabra verdadera y limpia no nos llegue a tocar, queremos adaptar el mensaje y así convertirnos en dioses. Idolatrando; llevándonos a nosotros mismos por encima de Dios.
El apóstol Pablo decía:
«Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. 15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. 16 Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. 17 Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén«. – (1 Timoteo 1:12-17)
Pablo conocía su condición pasada y su fragilidad presente (ya que también afirma: “quien cree estar firme, mire que no caiga”), pero nunca calló el mensaje que Dios puso en sus manos. Menciona también en 2 Corintios 4:7 que Dios “puso este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”, Entonces, esta realidad es así por diseño y jamás debe ser una excusa para no hablar el mensaje completo de Dios con toda la autoridad que Él ha depositado en el mismo y a través de su Espíritu en sus vasijas.
Cuando le traje el tema, esto fue lo que el Señor me enseñó y ahora yo se les comparto a ustedes. El mensaje de Dios, no tiene nada que ver con nosotros. No tiene que considerarnos, ni pedirnos permiso. Es todo Él. Su mensaje, Su propósito y Sus vasijas. Y una vez terminada nuestra labor: Siervos inútiles somos.
El otro breve punto que deseo traer es sobre el contenido de los mensajes. Si usted ora y habla con el Señor, Él confirmará cuando está frente a un mensaje suyo. Es así de sencillo. Pero deseo compartir que he aprendido que una de las características distintivas y señales de saber que Dios te está hablando, es que su conversación tiende a ser muy distinta a la tuya. Aun me sorprendo cuando Dios me habla o muestra algo, porque me toma tiempo caer en cuenta de lo que me dice y de conocer su mente. Es una falacia pensar que Dios piensa como tú y que siempre te “habla” de acuerdo a lo que quieres oir o a tu línea de pensamiento. Muchas veces estamos hablando con nosotros mismos y pensamos que Dios nos está hablando. Si fuera así, no necesitaríamos espíritu de discernimiento.
Comento esto porque en las lecciones que comparto yo les aseguro que no estoy dándoles mi opinión. Yo he tenido que obligarme en muchas ocasiones a pensar como Dios porque mi mente, al recibir su mensaje, andaba por otro lado. Toma tiempo, meditación, humildad, voluntad y oración pedirle a Dios que cambie estas cosas y corrija nuestra mente y corazón para alinearlos con el suyo.
Entonces, ¿de qué vale que yo les de mi opinión sobre algo si yo misma necesito dirección suya en todo?¿Qué tengo yo que decir sobre cómo debe funcionar una congregación o una denominación ? Yo expongo aquí, con el fundamento Bíblico que me da el Señor para cada mensaje, lo que Él quiere decir sobre Su iglesia. No la opinión de Laura sobre la iglesia del Señor.
De hecho, por eso esta es una labor muy seria, pero de alguna forma muy sencilla a la vez debido a que yo no tengo que tomar tiempo para justificar, hilvanar, sustentar ninguna idea o punto de vista – porque no son míos-. Yo he aprendido a amar y respetar los estádares de Dios y a diario me los tengo que aplicar como cualquier otro creyente.
Finalizo esta introducción a la Lección 2 con lo siguiente. Dios trajo a mi mente el Salmo 51 mientras hablaba con Él porque eso era lo que yo sentía cuando comenzamos a hablar. Sin embargo, en ese capítulo estaba la conclusión de esta breve reflexión.
Leemos el Salmo 51:16-19:
“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. 18 Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén. 19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, El holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar».
Dios me mostró aquí los pasos o requisitos que anteceden al servicio que el recibe. Establece en el verso 16 que no desea el sacrificio (servicio) que estamos dispuestos a darle, según nuestro criterio. Explica en el 17 que el primer paso es el quebrantamiento de espíritu y la humillación del corazón, en el verso 18 aparece su intervención restauradora en su misericordia y poder que nos permite, según establece el verso 19 ofrecer sacrificios de servicio que Él recibe.
Esto implica que el arrepentimiento y la restauración tienen que anteceder al servicio que agrada a Dios.
La Lección 2 habla de muchas cosas, entre ellas, evidencia con cuánta intencionalidad las iglesias, las congregaciones, las denominaciones han querido sobrepasar estos dos aspectos o eliminarlos o cambiarlos (el arrepentimiento y la restauración) y llaman a lo que hacen “servicio a Dios”, tratando de alterar lo establecido. Esto desembocando en graves consecuencias para el pueblo de Dios.
Estos mensajes y tal vez este blog, luego del objetivo principal de lograr que la iglesia vea que la imagen del Señor en medio suyo ha muerto, se puede resumir en lo siguiente: Hay un orden establecido por Dios en su Palabra para que le podamos servir. Tenemos que conocerlo, ajustarnos a ese orden y buscar y permitir que sea Él quien evalué nuestro servicio si es que realmente queremos hacerlo para Él.
Próximamente compartiré la Lección 2. Que el Señor les bendiga.

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