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Me alegra tenerles de vuelta. Bendigo el nombre del Señor. Esta es la tercera parte de mi testimonio de cómo Dios me llamó y preparó para el trabajo que realizo aquí. Recomiendo que escuche las partes 1 y 2 de este testimonio para que pueda aprovechar mejor el mensaje. Además le invito a registrarse en la página para que pueda recibir alertas cuando se publica un nuevo contenido.
Continuo con mi testimonio.
No creo que haya un pastor o pastora que pueda decir que yo contendí con su trabajo. Si hay algo que yo me propuse que no me permitiría hacer era eso. Porque yo vi muy de cerca a personas que dedicaban mucho tiempo y esfuerzo entorpeciendo y lastimando el trabajo de los pastores por cuestiones muy tontas y siempre me pareció muy injusto. Además, yo me había acostumbrado a ver a todos en un templo como mi familia y aunque muchísimas veces no me gustara lo que hacía alguien, traté siempre de ser justa y no abusadora. Cuando ya tuve conciencia de las cosas y no me gustaba algo, siempre trataba de ir directamente al pastor de turno. Si encontraba que no había oidos para lo que traia, aprendí a dejárselo a Dios y seguir mi camino.
En tanto años me imagino que a alguien tuve que haber herido y de ser así me arrepiento porque no lo hice a drede. Hay personas muy viciosas dentro de las iglesias que abusan con sus lenguas y actitudes. De todo lo que hagamos nos pedirá cuenta el Señor.
Sin embargo, Dios nos llama a tomar posturas. Dice la palabra que los cobardes no heredan el reino de los cielos. Y ser valiente no es herir a las personas o irrespetarlas. Es actuar en base a las convicciones para ser fiel a Dios sin miramientos ni concesiones.
Cuando salí de la iglesia todos lloramos. Mis hermanos de la iglesia que me amaban y yo. Sé que muchos no entendieron y yo misma aun no entendía bien. Me preguntaron si había pasado algo, como para buscar algun remedio para que no me fuera. Y realmente no había pasado nada. La iglesia era la misma que conocí desde que nací. Una denominacion evangélica con sus ritos y costumbres. Pero una en donde no había espacio para que Dios hablara fuera del diccionario que ellos habían aprobado.
Yo lloré literalmemte por 3 años luego de salir de ese lugar. Yo oraba y lloraba y sufría por cada niño que no podía abrazar. Por cada joven a quien no le podía dar un consejo Bíblico. Por cada hermano que me sonreía. Lloré hasta que me cansé y luego lloré un poco más. En esos tres años hice lo que hace un bebé al que le quitan su mantita. Trata de agarrar otra para consolarse.
Comencé a buscar una iglesia, pensando que Dios me querría en otra congregación. Eso era lo que me habían enseñado. Que la gente no puede estar fuera de una iglesia. Que eso es malo. Que cuando a uno le preguntan a qué iglesia va, uno tiene que tener una respuesta. Después de todo: cuando uno equipara su adhesión a una congregacion con estar bien con Dios, el no estar en una congregación te hace sentir hasta sucio.
Hago una pausa para que nadie se me distraiga. Yo no estoy diciendo que uno no se debe congregar. Hay gente que puede verte pudriéndote en pecado o en dolor o tribulacion por años, pero mientras estés sentado en un escaño, todo para ellos esta bien contigo, y con ellos. Esta mentalidad va a usar mucho el argumento de “no dejes de ir a la iglesia”, no porque ir es igual a recibir el nutrimento crucial para permanecer y crecer en la fe de Jesucrtisto y madurar juntos y apoyarse los unos a los otros (que es el objetivo de congregarse), sino porque estar sentado en un escaño quiere decir que eres de la iglesia y esto no es así. Eso lo veremos luego con la Palabra. Estoy explicando lo que Dios hizo conmigo para su propósito y por lo que le estaré eternamente agradecida.
La palabra habla en varios lugares sobre la importancia de no llevar un crsitianismo en aislamiento. El Señor dice que donde hay dos o más reunidos en mi nombre allí yo estoy (Mateo 18:20). La comunión de los santos (que no es necesariamente lo mismo que la reunión de los creyentes) es crucial para el funcionamiento del cuerpo de Cristo que es UNO SOLO en la tierra y que comparte un solo ESPIRITU y le hace actuar en unión. Por ello un santo de un lugar puede tener todas las cosas en común con un santo de otro lugar, porque están en un mismo espíritu.
Mencionamos algunos de los pasajes que hablan sobre la vida en comunidad de fe:
¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía! – (Salmo 133)
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. – (Hebreos 10:25)
Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. – (1 Tesalonicénses 5:11)
Sin embargo, en mi caso (y siguiendo lo que fue mi experiencia), la palabra dice: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. – (Juan 10:27-28).
¿De qué vale que Dios me quisiera hablar, si mis oidos no lo estaban oyendo a Él, sino a la religiosidad que había en mí? ¿Cómo voy a ser útil a su cuerpo para enseñarle, para corregir, para guiar, si quiero encajar sus Palabras en un molde que se llama doctrinas de hombre? ¿Si cada vez que me muestra algo erróneo según su Palabra yo busco justificarlo porque eso está tan dentro de mí que me es imposible ver las cosas como Él las ve?
Entonces fui de lugar en lugar. En todas de alguna u otra forma, lo mismo. Hago un breve resumen y alcaro que en ninguna de ellas tuve un sí o un no con nadie (una discusión). Yo me sentía en mi casa en todas. Pero Dios no paraba de mostrarme y de hecho, de decirme que debía hablar las cosas que veía, igual que lo había hecho antes, solo que esta vez con personas que no conocía.
Fui a iglesias buscando quedarme en alguna… en cada una Dios me mostraba lo lejos que están nuestras prácticas de lo que expresa la Biblia. Creo que para sacar la iglesia de mí, o al menos ponerla en la justa perspectiva de lo que Dios ve en ella, llevarla al lugar correcto en mi corazón, Dios me tenía que permitir ver estas cosas en diversidad de denominaciones evangélicas. Discípulos de Cristo, Bautistas, Pentecostales, Independientes. Vi cosas muy tristes, otras peligrosas y otras extremadamente repudiables. Estas cosas las compartiré en las próximas lecciones como evidencia de lo que Dios desea que les exprese. Las razones por las cuales Él dice que su iglesia no se parece en nada a Él y que su semblante ha muerto en la iglesia.
Ya desde hacía años había establecido como estilo de vida el Estudio de la palabra en mi casa y con la pandemia incluimos la celebracion cúltica, siempre bajo la autoridad de un pastor, como dice la Palabra. Le pedimos al Señor hacer las cosas como Él manda y Dios proveyó ese pastor, bajo el cual hasta el día de hoy servimos al cuerpo de Cristo. A la par vamos a congregaciones según el Señor lo indica y en mi caso, hasta el momento simplemente para continuar evidenciando el estado de la iglesia cristiana en Puerto Rico. Según Dios me dirige, (porque es el llamado que me ha hecho), voy con su mensaje y la Palabra a los recursos pastorales para atender lo que sea que el Señor traiga y usualmente la respuesta es a “dejarme ir” de en medio de ellos. Voy a dar ejemplos en lecciones posteriores. No para simplemente señalar, sino esperando que alguno pueda sacudirse y cambiar su religiosidad por el temor a Dios y su servicio verdadero. Las almas están sedientas de Cristo, no de más religiosidad.
Donde opera Cristo hay liberación. Hay sanidad. Hay cambios. Hay poder. Hay autoridad. Hay crecimiento en la Palabra y madurez espiritual. Hay revelación. Hay comunión. Hay paz.
Para Puerto Rico vienen grandes juicios muy pronto expresamente por causa del estado de la iglesia. Vienen juicios por el pecado y juicios por causa de la iglesia. Dios NO está contento con el estado de la iglesia en Puerto Rico y poco a poco, según avanzan las lecciones, veremos el por qué.

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