
Lección 5- Puerto Rico es… ¿la Isla de quién?
Si desea, puede escuchar este mensaje usando la barra de abajo.
Que la paz de Dios sea con su pueblo y con toda persona que se acerque a este mensaje para que puedan consumirlo, digerirlo y entenderlo como Dios desea.
Regreso a entregar el mensaje que pensé que sería el último, aunque lo tenía desde antes de iniciar el trabajo de este blog. Sin embargo, dentro de todos los que el Señor me movía a compartir, este nunca se movía al lugar de mayor urgencia. Luego he comenzado a trabajar otros muchos proyectos y se quedó este mensaje allí, como decimos, en remojo. Recordándolo de vez en cuando y siempre encontrando que otro asunto me era prioritario. Creo que porque el tema es solo la declaración de un hecho, que en mi opinión, ya (a estas alturas) no cambia nada. La exposición de una realidad, que fuera de tal vez abrir los ojos a una cantidad mínima de personas; muy mínima, lo que provocará es la actitud defensiva de la mega orgullosa iglesia cristiana de Puerto Rico. Creo que si la mayoría de la mal llamada iglesia cristiana en Puerto Rico pudieraa levitar, lo harían con el único propósito de evitar que alguien les vaya a pisar un pie y les cause una incomodidad.
Y si alguien se atreve, y acierta en causar una reacción al exponer una verdad de esas que el pueblo no quiere oír, ese debe estar preparado para la ola de miradas, actitudes, burla, desprecio del hipersensible y victimizado pueblo de Dios en Puerto Rico. El país de los “acomodos razonables”. El país donde nadie te pisa el pie, con tal de que tu no se lo pises a ellos. Y para los que leen que no son puertorriqueños, esto significa que nadie va a señalarte nada, con tal de que tu no les señales a ellos. Entonces, una sonrisa y una frase simpática es lo que media en estas transacciones. Cuando el pueblo de Dios ve algo “malo” venir, solo esperamos con los dedos cruzados a que las cosas “se resuelvan” o “salgan bien” y cuando esto no ocurre, nos desbordamos en lamentos y “solidaridad”… como si eso nos pudiera redimir de la responsabilidad. Y sigo hablando de la iglesia y a la iglesia. De nadie más.
Pues el tema estaba en remojo, tampoco era algo que el Señor me estuviera acordando todo el tiempo. Pero eso cambió ayer. Y como es costumbre, sé que todo lo debo poner al lado hasta salir de este mensaje, que no ha cambiado. Es exactamente igual que el de hace más de un año. Pero ahora es el momento de compartirlo.
Hay una frase… mmmm, no. Mejor dicho, un disparate mayúsculo que he escuchado en muchas congregaciones de Puerto Rico, en emisoras cristianas, en campañas evangelísticas, que, simplemente, luego de haber visto lo que Dios me ha mostrado sobre su pueblo en mi isla, es una bofetada a la verdad.
La frase es: “Puerto Rico es la Isla del Cordero”.
Hasta escribirlo me provoca escalofríos. Es una falsedad tan grande como la evidencia que la contradice. Y a los creyentes que sueñan con levitar a la iglesia para salvar sus pies de pisotones, les fascina repetir cosas así, porque suenan tan espirituales, tan románticas, tan contundentes. Y lo peor es que, evidentemente, nadie está pensando en el Cordero Jesucristo. Porque si pensaran en el Cordero Jesucristo y su mente estuviera mirando al Santo Cordero Salvador ante quien los ancianos echan sus coronas y ante quien toda rodilla se doblará en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, sabrían de inmediato que Puerto Rico como colectivo es absolutamente anti-Cristo. Verían cómo claramente no es la isla del Cordero porque no lo respeta, no lo conoce, no le rinde culto, se mofa de Él y ni tan siquiera le reconoce en sus caminos.
La iglesia que se emociona y se derrite con esas palabras no piensa en el Cordero Salvador, sino que se refiere al escudo de Puerto Rico que tiene dibujado un cordero sentado sobre un libro. Pero esa es una imagen demasiado romántica como para desperdiciarla y los evangélicos no tienen muchas de esas como la iglesia católica tiene sus imágenes y símbolos. Sin embargo, es una imagen que no pierden tiempo en usar y que alivia y entretiene sus mentes.
Y lo interesante es que el uso de este comentario, ha cambiado con el tiempo. Cuando era niña, las personas lo mencionaban más como una petición a Dios. Como un deseo de que fuéramos la isla del Cordero, así como se ve en el escudo. Y, aunque esto no lo hace verdad, había un grado de humildad en la actitud con la que se decía. Pero hoy no es así. Hoy es una frase amuleto. Es una confesión positiva. Es un pensamiento fantasioso y mentiroso que busca derrotar una realidad que grita 24 horas al día a los cuatro vientos que Puerto Rico no es de Dios. Es en buen español “wishful thinking”.
Son frases trilladas que se oyen bien y son disparates. Encontramos en la Palabra varias instancias en las que precisamente el Señor reprende al pueblo porque con su boca se llaman suyos, pero sus corazones y acciones están muy lejos de El.
¿Cómo puede un creyente decir que Puerto Rico es la isla del Cordero? Yo creo que alguien que afirme esto seriemente, o no conoce a Puerto Rico, o no conoce al Cordero. Puerto Rico es un lugar en donde a lo malo se le llama bueno y a lo bueno malo. Y esto es absolutamente cierto dentro de las iglesias. Donde se ha pervertido el derecho y como algo es una ley, ya es algo bueno que no puede cuestionarse y que hay que proteger. ¿Cómo es que, para evitar que alguien luego me pise mis pies, se acepta el proteger el “derecho” de pervertir, ensuciar y establecer el mismo reino de las tinieblas en el país?
¿Dónde está la disposición a pagar el costo? Porque para que haya oposición a lo que Dios no acepta, alguien tiene que pagar ese costo. Y va a costar tanto de forma individual como colectiva. Para ello hay una secretaria en alguna oficina que tiene que decir: esa carta pidiendo que se registre una entidad satánica en la isla de forma oficial, yo no la voy a redactar. Tiene que haber una trabajadora social que diga: a esa pareja homosexual que quiere adoptar un bebé, yo no les puedo ayudar a que lo hagan. Tiene que haber un maestro que se niegue a llamar a sus alumnas y alumnos con pronombres que no honren lo que Dios llama su creación, un líder cristiano, un ministro, alguien que ame las almas, que al hablarles no saque el dedo para condenar, sino para anunciar que Jesús ama y saca a las vidas del pecado y las transforma. Que Él no puede ser uno con nosotros abrazando nuestras vidas llenas de pecado porque en Él no hay oscuridad, sino que Él se dio a sí mismo por amor para que viviéramos libres de pecado. Que Él quiere que nos abracemos nosotros a Él para ser limpios. Y que explique claramente que eso tiene un costo. Hay que renunciar a nosotros mismos para que Él nos dé vida.
Pero a la iglesia no le llama la atención ese tema del costo. Quiere pasar con ficha. Estar bien con Dios y con el diablo y cerrar el tema concluyendo que “somos la isla del cordero”. ¡Que soberano disparate!
Lo más impresionante es que si bien la aseveración de que (basado en el diseño de nuestro escudo) somos la isla del Cordero, es falsa, hay una gran verdad en el asunto. Una verdad que provoca escalofríos. Esa frase manipulada nunca la he escuchado con un análisis real de lo que representa nuestro escudo. Porque es un cliché… un “emoji”… un asunto traído por los pelos con liviandad. Pero si nos vamos al análisis profundo de nuestro escudo… estoy segura de que los mismos que tanto usan la frase, dejarían de hacerlo de golpe y porrazo.
Me explico. Si miramos con atención el escudo de Puerto Rico, regalado a la isla por los Reyes Católicos Isabel y Fernando, vemos que hay un cordero sobre un libro. Ese libro no es la Biblia completa, sino el libro de Juan (o escrito por Juan). De ese libro salen 7 sellos que son los 7 sellos del libro escrito por Juan, el Apocalipsis. Es decir, el Cordero en nuestro escudo está sentado sobre los 7 sellos del juicio de Dios que aparecen en el Apocalipsis. Los 7 sellos son los juicios que preceden a las 7 trompetas. Dice la palabra que el Señor viene por su iglesia, a la final trompeta, por lo cual aquí estaremos todos los que no hayamos muerto durante los 7 sellos y las primeras 6 trompetas. Luego de esto vienen las 7 copas de la ira de Dios. En la 7ma copa de la ira, dice que las islas van a desaparecer.
Entonces, si de alguna forma el escudo de Puerto Rico tiene alguna información o relevancia profética para algún creyente, debería ser para que se prepare en temor y temblor porque muestra al Cordero de Dios sentado sobre los 7 sellos de juicio del fin de los tiempos, momento en el cual no solo las islas (que el Señor desee) aun van a estar, sino que la iglesia va a estar. Ese es un acercamiento mucho más sensato y conveniente en estos tiempos, hermanos.
Si la locura y frialdad social que vive la isla, la avalancha de asesinatos, suicidios, violaciones, muertes en las carreteras, la sequía extrema y el colapso de los sistemas que permiten tener una vida estable no han sido suficientes para que, al menos la iglesia sepa que está bajo el juicio de Dios; tarde o temprano va a tener que aceptarlo. Tarde o temprano va a tener que dejar de avergonzarse de humillarse ante Él para alcanzar algo de misericordia y aplacar su ira. Va a tener que aceptar que Dios ha removido su mano de protección porque Puerto Rico le ha dado la espalda para seguir a sus dioses.
Puerto Rico: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Cuidado con querer enredar a Dios en nuestra confusión espiritual y nuestra tibieza. De Dios nadie se burla y nadie, por mejores intenciones que crea tener, va a salirse con la suya tratando de arrastrar a Dios a nivel de pecado. Su Hijo no se arrastró nunca en pecado y no va a comenzar a hacerlo para satisfacer a la iglesia en Puerto Rico. El Hijo se sienta con toda autoridad sobre Su Santa Palabra. Nosotros andemos con gran temor y temblor.
Luego de todas las cosas que Puerto Rico ha abrazado, la última siendo sus cultos abiertos al mismo satanás, no esperen ver nada que no sea el juicio de Dios sobre hijos de desobediencia. Es tiempo de arreglarse en espíritu y verdad con Él de forma individual y pedir misericordia y la salida cuando lleguen sus juicios. Orar para ser dignos de escapar de los grandes juicios que vienen sobre Puerto Rico por su gran maldad y perversión.
«Porque escrito está: Sed santos porque Yo soy santo» – 1 Pedro 1:16
Ten misericordia de nosotros Dios. Perdónanos y que no seamos destruidos del todo. Danos la oportunidad de regresar a ti al menos para salvar nuestras vidas y la de los que tenemos a nuestro alcance. Amén.

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